Lionel Messi le cumplió el sueño a Willian Gerez, un adolescente de 16 años que vive en un hogar de la organización Haciendo Camino que aloja a chicos judicializados en Añatuya, Santiago del Estero. El encuentro tuvo lugar el jueves 18 de mayo en Barcelona, luego de que el astro rosarino finalizara su entrenamiento con el Barça. Willian tuvo la oportunidad de contarle de dónde venía y se llevó como recuerdo una camiseta firmada.

Willian es el segundo de 8 hermanos, que en 2014 fueron derivados por la justicia a “El Refugio”, hogar de Haciendo Camino en Añatuya, porque sus padres no les brindaban la atención necesaria. Ante la ausencia de sus padres, Willian y su hermano mayor se encargaban de los más pequeños, cuidándolos, bañándolos y consiguiéndoles comida.

Willian pudo viajar a Barcelona gracias a la generosidad de una donante de Haciendo Camino, que en la Cena Anual de UNICEF se ganó el premio de conocer a Lionel Messi y decidió donarlo a la organización.

Como a la mayoría de los chicos, a Willian le encanta el fútbol, pasa horas con sus cinco hermanos varones jugando en las canchitas de Añatuya. Debido a su compromiso con el estudio y por ser un buen ejemplo para sus hermanos, la organización decidió que él viajara a conocer a su máximo ídolo. Que se generen oportunidades como este encuentro nos recuerda que con esfuerzo todos los sueños son posibles. Para muchos adolescentes como él, soñar se vuelve difícil a veces, pero él jamás bajó los brazos.

Las Embajadoras de Haciendo Camino en La Florida organizaron un desayuno a beneficio, en el restaurant “La Rural” en Miami. ¡El evento fue todo un éxito! Además de recaudar fondos, logró su objetivo principal: difundir el trabajo que realizamos para ayudar a las familias más vulnerables de Santiago del Estero y Chaco.

A pesar de la distancia: Sara Szpektor, Geny Stigol y Silvia Sabate se comprometen como voluntarias para que nuestra causa cruce todas las fronteras. Día a día, organizan reuniones en sus casas, ferias a beneficio y distintos eventos para contarle a su entorno esa realidad que conocieron cuando viajaron a Añatuya hace unos años. La desnutrición infantil es una preocupación para muchos, y el apoyo que reciben de la comunidad argentina en Miami es sorprendente.

Esta vez,  Gabriel y Emilce,  dueños de “La Rural”, fueron los que se conmovieron con el testimonio de nuestras Embajadoras.  Ellos llegaron hace tres años a Miami y abrieron el restaurant de carnes, con un almacén donde venden productos argentinos. Desde un primer momento se sintieron identificados con la causa y quisieron ayudar en todo lo que nuestras beneficiarias necesitaran. Así fue que les prestaron el lugar, prepararon el desayuno y las ayudaron con la difusión del evento dentro del local y en las redes sociales.

A la convocatoria asistieron alrededor de 20 personas interesadas en conocer el trabajo de Haciendo Camino y disfrutar de un desayuno al estilo argentino con alfajores, mate y dulce de leche.

“Les presentamos en detalle Haciendo Camino, les contamos la historia de cómo surgió, les explicamos los distintos programas y también mostramos distintos videos institucionales para que vieran con sus propios ojos esa realidad”, explica Geny Stigol.

Durante todo el mes previo al evento y ese mismo día, se recaudaron fondos en una alcancía  ubicada en el mostrador principal del concurrido restaurant. Además, luego de la reunión, se sumaron varios padrinos nuevos con un aporte mensual y se comprometieron a ayudar en la organización de futuros encuentros. “Estamos muy contentas con los resultados y vamos a seguir difundiendo la causa que nos conmueve tanto”, concluyeron nuestras embajadoras.

Desde Haciendo Camino estamos orgullosos del compromiso y la dedicación que demuestran las voluntarias, que hace años nos acompañan a más de siete mil kilómetros de distancia. Les agradecemos por el esfuerzo diario y sus ganas de ayudar a cambiar la situación de vulnerabilidad en la que viven nuestras familias en el Norte Argentino.

¡Sigamos trabajando juntos para cambiar la realidad de nuestro país!

Obstetras y nutricionistas de nuestro equipo, y de instituciones que colaboran con nosotros, recibieron una capacitación en “Embarazo y Nutrición” de la mano de profesionales de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires, y que estuvo organizada por Nutricia Bagó.

Natalia Fernández, Coordinadora del Área de Nutrición, explicó que estas actividades son importantes porque “se trata de un material al cual no se puede acceder por medio de Internet y tampoco se lo puede comprar”. Es por eso que dos veces al año “se lleva a cabo el curso para brindarles una mejor atención a las mujeres con las que trabajamos”.

Con el fin de poder ayudar en la mejora de la calidad de vida de las madres embarazadas de nuestros Centros de Añatuya y Suncho Corral, con Grido Helado unimos fuerzas para cubrir el funcionamiento anual del Programa Embarazadas.

Gracias a la campaña “Antojos compartidos” lanzada por Grido Helado durante el mes de la madre, por cada torta helada que la gente compraba, la heladería donaba $1 a nuestro Programa Embarazadas. Así fue como todo lo recaudado, un total de $300.000, nos lo destinaron para que podamos seguir cuidando y controlando a las embarazadas que asistimos en dos de nuestros Centros.

“Agradecemos la solidaridad y el enorme compromiso de Grido Helado por querer acompañar a nuestras mamás durante su embarazo. Esta es una tarea  que disminuye significativamente el riesgo de dar a luz a niños con bajo peso, así como también previenen diversas complicaciones durante el embarazo y el parto”, sostiene Martín Petti, Director del Centro de Suncho Corral.

¡GRACIAS GRIDO HELADO!

 

 

 

Dani fue de los primeros chicos que conocimos en el Hogar Santa Catalina. Diez años después, su historia es otra, y dio un giro que explica el poder de transformación que tienen el amor y la contención.

Cuando un grupo de amigos comenzó a ayudar al Hogar Santa Catalina, Dani tenía siete años. Él los recuerda como “los misioneros”, y cuenta que fueron los primeros porque hasta ese entonces nadie los visitaba en el hogar. “Cuando llegaban, lo primero que hacíamos era una ronda y nos presentábamos todos. Jugábamos y pintábamos”, se acuerda, “les gustaban mis dibujos y mis piruetas; ahora ya hace rato que colgué los botines”, se ríe. Era el mejor jugando al fútbol, capaz de aguantarse el llanto antes de mostrarse débil, conocía bien los rincones donde descargarse.

Dani encarna esas historias de superación que explican el poder de transformación que tienen el amor y la contención. Es de la camada de niños que estaba en el hogar allá por el 2006, cuando llegaron “los misioneros” y trajeron una esperanza para que las hermanas a cargo del hogar no se fueran a dormir con la preocupación de tener que conseguir la plata para comprar la comida cada mes. Tenía problemas de conducta, y a veces los chicos lo dejaban de lado por su mal carácter, pero con los más grandes era todo un comprador, y desde chiquito era el “preferido” de la hermana Cecilia, madre superiora del complejo.

Su mamá estaba presa, había asesinado a su papá delante de Dani. En vacaciones, era uno de los más desamparados, y es por eso que, en los primeros pasos de Haciendo Camino, Catalina y Agustín Pruzzo decidieron llevárselo junto a Mario un verano a Salta. Lo primero, fue comprarle un traje de baño para que pasara casi todo el día en la pileta del hotel, y cuando los brazos ya no daban más de nadar, la puerta giratoria de la entrada del hotel no dejaba de dar vueltas empujada por un chico del interior del monte santiagueño que disfrutaba de las novedades de la ciudad. De Salta cuenta muy poco, porque se acuerda que con su amigo “se portaron re mal”, y se ríe, haciendo memoria de todas las picardías que hicieron. Hubo un día en el que tomó el teléfono para llamar a alguien, pero no sabía ningún número, entonces marcó incansablemente el prefijo de Añatuya, esperando que atendiera alguien de la ciudad, pero sólo logró cansar al conserje del hotel. Con un alambre escribió su nombre en las camas de madera del hotel y pasó horas igual que su amigo jugando en la bañadera llena de agua, era la primera vez que se bañaba en bañadera, dejando atrás los baldes de Monte Quemado y las duchas finitas del hogar. También fue su primera vez en un ascensor, y con Mario peleaban por quién apretaba el botón para llamarlo o para marcar el piso. Cuando vio por primera vez los cerros, le parecieron peligrosos, porque “te podías caer de arriba”, como si de un balcón se tratase.

Durante las vacaciones de verano, el Hogar Santa Catalina cierra sus puertas, y los chicos suelen volver a sus casas con sus padres o con algún familiar que se haga cargo de ellos. El problema era que Dani no tenía a nadie en condiciones de hacerse cargo de él, y la mala conducta no ayudaba para que se pudiera quedar en algún otro lado. En ese entonces Agustín, con sus veintepocos y aún viviendo en la casa de sus padres, se lo empezó a llevar a Buenos Aires. “Era uno de mis padrinos, y solía ir a la casa de Agus; como la hermana también era mi madrina nos llevábamos re bien”.

Cuando creció y ya no pudo vivir más en el hogar, apareció la familia Talleur. Olga era profesora de gimnasia en la escuela a la que iba, y supo ver su buen corazón y desamparo y le abrió las puertas de su casa y de su familia. Si bien hubo algunas idas y vueltas por sus travesuras y peleas con las hijas de Olga, con el tiempo se adaptó a aquella familia y comenzó a mamar todo lo que no había tenido durante años.

Hoy Dani trabaja con sus papás del corazón en la panadería que tiene la familia, está contento, y se parece poco a aquel chico revoltoso. Está más cerca del enamoradizo, pillo, gracioso y agrandado que siempre que bajaba un cambio aparecía y emocionaba. El chico que conocieron hace diez años creció a la par de Haciendo Camino, y recuerda las travesuras que hacía cuando era niño.