Haciendo Camino nació en agosto de 2006, cuando un grupo de amigos de Buenos Aires comenzó a viajar mensualmente a Añatuya (Santiago del Estero), primero para evitar que un hogar de niños cerrara sus puertas y, más tarde, para colaborar con las necesidades del lugar. 

Catalina Hornos estaba estudiando psicopedagogía en Buenos Aires, y durante el último año de la carrera la habían invitado a hacer orientación vocacional en una escuela albergue de Añatuya. Se instaló allá unos meses como voluntaria y se encontró con una ciudad en la que pocas calles estaban asfaltadas, y muy poca gente tenía un trabajo estable. Conoció familias para las cuales no poder comer todos los días era parte de su realidad, y mamás que no tenían medicamentos para darles a sus hijos enfermos, ni tampoco calzado para mandarlos a la escuela. Conmovida por las carencias, enfermedades, falta de educación, de agua potable y de comida, y la falta de posibilidades que había en ese lugar, decidió involucrarse a fondo.

Durante ese tiempo en Añatuya, descubrió un hogar de niños que corría el riesgo de cerrar por falta de fondos. Fue así como comenzó a buscar padrinos que desde Buenos Aires pudieran sostener los gastos de los chicos, y sumó amigos para que se involucraran en el proyecto.

Bajo el nombre de  “Proyecto Añatuya”, Agustín Pruzzo, Catalina Hornos, Delfina Ithuralde, Guadalupe Otamendi, Josefina Hornos y Lucrecia Machado Malbrán comenzaron a viajar una vez al mes para visitar aquel lugar, llevar dinero al Hogar Santa Catalina y jugar con los chicos.

Para que la ayuda que brindaban tuviera un impacto en el tiempo,decidieron fundar Haciendo Camino, una asociación civil sin fines de lucro que busca mejorar la calidad de vida de niños y familias en situación de vulnerabilidad en el Norte argentino. Gracias al trabajo que comenzaron a hacer, el hogar no sólo no tuvo que cerrar, sino que se convirtió en el primer Programa de la ONG.

Haciendo Camino comenzó a trabajar en educación como la base para el cambio. La falta de aprendizaje de muchos niños, por más de que recibieran apoyo personalizado o atenciones especiales, dejó evidenciar una problemática aún más grande: la desnutrición infantil. La gran mayoría de los chicos no había recibido los nutrientes necesarios en los primeros cinco años de vida, y, en consecuencia, no habían desarrollado al máximo sus capacidades. Eran niños que habían nacido con un potencial incalculable, pero que en el contexto en el que se habían criado no habían podido desarrollarse como lo habrían hecho en otro lado.

Ese fue el puntapié inicial para comenzar a trabajar en desnutrición infantil. En articulación con la Fundación CONIN, se empezó a trabajar con su metodología para abordar integralmente la problemática social que da origen a la desnutrición. Se logró la construcción y puesta en funcionamiento del primer Centro de Prevención de la Desnutrición Infantil y Promoción Humana en Añatuya y se continuó trabajando sin descanso para lograr una estructura que en la actualidad tiene ocho Centros en las provincias de Santiago del Estero y Chaco.