Emotiva carta de un voluntario…

Pablo Amoros | 01/11/2010 | 1 Comments

En el último viaje de Haciendo Camino del mes de octubre, Pablo (uno de nuestros nuevos voluntarios), nos acompañó por primera vez a Añatuya. De vuelta en su hogar, decidió escribirnos una carta para compartir su inolvidable experiencia…


Amigas y amigos de Haciendo Camino.

Escribo con el sol de Añatuya en la cabeza. Porque así, creo,  suena y se siente el sol en Añatuya: te da en la cabeza, es un masazo, es un golpe seco, contundente, no te permite la duda, muestra lo que hay ver. El Sol de Añatuya hace ver y sentir esa realidad que necesita ser vista y sentida. Esa realidad que, entiendo, estaba necesitada de ojos que la  sientan. De ojos que no duden. De ojos que la miren y no esquiven su mirada.

Esos ojos que miran, que se hacen cargo, que sienten con sangre, sudor y lágrimas a Añatuya, a esas niñas, a esos niños, a esos abuelos, a esas madres, a esas familias, esos ojos, para mí, son los ojos de Uds, de Haciendo Camino. Ojos que les devuelven a esas niñas, a esos niños, a esos abuelos, a esas madres, a esas familias algo tan valioso como la mirada. Desde mi humilde punto de vista, lo que Ustedes les dan es una nueva mirada sobre ellos. Es una verdad de Perogrullo, ya lo sabemos, la mirada del otro es tan constitutiva de nuestro ser, como la de uno. Y a veces, la mirada ajena pesa más que la propia. Por lo que viví, poco pero intenso y revelador, sé que a esas personas Ustedes con su mirada les ofrecieron otro espejo donde mirarse. Les mostraron que era posible mirarse como algo más que una estadística, como algo más que un simple objeto. Les mostraron que es posible mirarse como persona, les enseñaron otra identidad. No me cabe duda: Haciendo Camino lo que hace haciendo lo que hace es hacer identidad.

Cada paso que dan, cada huella, es un paso, una huella hacia una nueva identidad de todos y cada uno de esos niños, esas niñas, esos abuelos, esas madres, esos niños. Alguien, y es muy probable que por primera vez en su vida, se les paró en enfrente, y los miró no como un objeto, no como un “medio para”, sino como un fin sí mismo. Alguien los reconocía, y los reconoce por lo que son, personas. Alguien los reconocía y los reconoce por lo que valen por el simple (y complejo) hecho de ser persona. Y en ese reconocimiento que Ustedes les ofrendan, entiendo, ellos, seguramente, tienen la posibilidad de reconocerse, de conocerse, de encontrarle otro sentido a su existencia. Haciendo Camino hace Personas. Les ofrece la alternativa de salirse de la huella en la que venían, de cambiar de dirección, de pegar un volantazo. Haciendo Caminos es su Utopía. Entendiendo como Utopía lo que Eduardo Galeano dice de ella: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Haciendo Camino sirve nada más y nada menos que para eso: para caminar. Y cuando uno ve y siente Añatuya está claro el sentido revelador y transformador de la acción de caminar. Añatuya se siente inmóvil, quieta, como detenida en el tiempo. Añatuya se siente varada, precisamente, al costado del camino, a la vera de la vida; mirando como esta pasa, siendo espectadora de su propia existencia. Y ustedes con su acción, con su amor, con sus gestos, con sus miradas, con sus manos, con sus sonrisas, con sus cansancios, con sus broncas, con sus alegrías, con sus dolores de pies, con sus dolores de cabeza, con sus insolaciones, con sus impotencias, con sus cojones, con sus ovarios, con sus sueños, con su vigilia, con sus esperanzas y con sus desafíos, Ustedes los vuelven al camino. Y mucho más que eso. Con Ustedes, esas niñas, esos niños, esos abuelos, esas madres, esas familias encuentran un sentido, esa utopía, ese horizonte que los hace caminar, salir de esa siesta trágica a la cual parecían destinados. Con Ustedes ellos tienen la posibilidad de asumir el papel más importante, el rol más peligroso, desafiante y hermoso que, creo, tiene el ser humano: ser protagonista de su propia vida.

Uds conmueven hasta las lágrimas. Su entrega, su pasión, su honestidad, su compromiso son movilizadores y movilizantes. Su testimonio es un acto de fe. Más allá de cualquier religión, y de cualquier sentido religioso, su acción es un acto de fe. Despierta la fe, y sobre todo en las personas de Añatuya. A ellos, no me cabe duda, les devuelve algo importantísimo: la posibilidad de creer en el otro y, sobre todo, en ellos.

Haciendo Camino invita a creer, y no desde el panfleto, no desde una consigna de marketing, no desde un slogan de campaña, no desde una frase hecha; sino desde la acción diaria, desde el sudor cotidiano, desde la presencia permanente. Porque para que lo que Ustedes hacen sea posible es necesario estar. Y Ustedes están. En las historias que Ustedes tratan, creo, hay un factor común dominante: el abandono (en todos lo sentidos). El abandono genera miedo, desconfianza, tristeza, resignación, resentimiento. Y si no se cuenta con las herramientas necesarias para transitarlo y superarlo, genera, creo, más de lo mismo, más abandono. Un círculo vicioso. Ustedes, creo, lo están rompiendo. Están haciendo de ese círculo vicioso un círculo virtuoso. Las sonrisas y las miradas de los chicos del Hogar lo dicen todo. Los abrazos que les brindaban. La alegría al verlos llegar, para mí, era el testimonio de algo: la confirmación, cotidiana, del pacto (implícito y no tanto) que les hicieron desde la primera vez que los vieron: que iban a estar, que no los iban a abandonar. La tristeza de cada despedida, de la partida se sentía compensada con la felicidad de saber, de sentir, de creer, que no sólo siempre van a volver, sino que siempre van a estar. Eso, para mí al menos, es El testimonio de Amor.

Los felicito. Por el Amor. Por la Fe. Porque ponen lo que hay que poner y no le esquivan al bulto. Porque Haciendo Camino hace de este mundo un mundo mejor.

Les doy las gracias. Porque son un espejo donde mirarse. Porque son brújulas.  Porque son referentes. Porque son faros en medio del naufragio. Gracias. Gracias. Gracias.

No los aburro más.

Un gran Abrazo.

Pablo


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Comments

  1. Veronica Figueroa says:

    Hola Amigos!
    ¡¡Muy buena y muy conmovedora es esta carta de Pablo!!
    Creo que es muy importante que los voluntarios que participan de estas actividades, cuenten después como fué la experiencia y que aprendieron en ella.
    Pertenezco a varias ONG´s con las que trabajo en la prov. de Salta y creo que hay toda una generación que hoy nos muestra que tenemos un país lleno de ¨LUCES¨ que poco a poco se van encendiendo. Son personas, que junto a otras se van uniendo, reunidas alrededor de una idea… y juntos vamos tomando conciencia de que cuando hablamos de ¨otros¨, en realidad estamos hablando de ¨nosotros¨.
    A los Voluntarios, como Pablo, que hoy se están acercando, para Colaborar con las Organizaciones Sociales de su comunidad: MUCHAS GRACIAS!!! Tambien ellos tienen el ¨valor¨ para animarse a ver esa realidad, de la que Pablo hace mencion.
    Sin ellos, los voluntarios, estas ORGANIZACIONES dejarian de existir y no se sustentarían en el tiempo. Y como bien se hace mención en la carta ¨es muy importante para nuestros hermanos saber que ahi estamos, que vamos a volver y que no los vamos a abandonar: solo con esa constancia generaremos un cambio real en nuestra SOCIEDAD. SALUDOS y Felicito a todos los que forman parte de ¨Haciendo Camino¨ por su labor!!! Vero de Salta

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