Un ejemplo de superación

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Roxana Coria tiene 52 años y una vocación por ayudar a los demás admirable. Hace tres meses, nos advirtió que en su barrio, en las afueras de Añatuya, había muchas adolescentes embarazadas que no podían acudir a nuestro Centro por la distancia. Por eso, propuso abrir las puertas de su casa para que nuestro equipo de profesionales pudiera atender a las futuras mamás, en el marco del Programa Embarazadas.

En un ranchito de barro y techo de paja, en el corazón del campo santiagueño, nació Roxana Coria. Desde chica, se daba cuenta que le surgía querer ayudar a los demás. Hija de criadores de animales, se acostumbró al aire libre y a la tranquilidad del paraje La India, donde vivió toda su infancia. Hoy, ya casada y con siete hijos, su casa en la ciudad de Añatuya funciona más bien como un centro de ayuda para las embarazadas del barrio y para cualquier vecino que necesite una mano.

A los 17 años se casó con su actual esposo, Héctor Coria. Juntos se mudaron de las afueras rurales a la ciudad y, con una beca que otorgaban los curas en aquel momento, pudieron construir su casa. Tuvieron siete hijos a los que desde chicos les inculcaron la importancia del estudio y del esfuerzo para conseguir sus sueños. Hoy, ya son grandes y les dieron 14 nietos que adoran. Gracias a la constante atención de sus padres, todos tienen una profesión y un trabajo estable, un privilegio que no abunda en Añatuya.

Pronto comenzaron a conocer a sus vecinos. Héctor formó una escuelita de fútbol para que los chicos del barrio pudieran practicar deporte y Roxana ayudaba a las personas carenciadas en un comedor de la fundación Caritas. Luego de la crisis del 2001, en medio de una situación económica difícil, se les ocurrió poner junto a otros vecinos una huerta comunitaria en el jardín de su casa para que no faltara comida en la mesa de las familias. Así, sin quererlo, fueron descubriendo su pasión por ayudar a los demás.

A Roxana le nace de adentro su preocupación por el otro, tanto es así que, hace tres meses, notó que tan sólo en la manzana de su casa había cinco adolescentes embarazadas que necesitaban ayuda. Las chicas, de entre 15 y 25 años, no podían acercarse al centro de la ciudad para participar de nuestro Programa, donde se les da asistencia médica y aprenden los cuidados para el bebé, porque no tenían cómo trasladarse.

Hoy, grupos de 20 chicas asisten, una vez por semana, a los talleres para embarazadas que realiza nuestro equipo en el patio de su casa. Además de aprender cuestiones relacionadas a la salud de sus bebés, las madres, confeccionan ropa para sus hijos, reciben leche y alimentos necesarios para garantizar su nutrición luego del parto, y también comparten un espacio de reflexión con el resto de las mujeres.

 

Sin dudas, la vida de Roxana ya no será la misma. Si bien sus ganas de ayudar la acompañan desde chica, lejos quedaron sus días como ama de casa. A cada rato se va a visitar, casa por casa, a sus vecinas para controlar cómo vienen sus embarazos, se reúne con nuestros profesionales para pensar mejoras para los talleres, recibe en su casa a las chicas que tienen problemas familiares para aconsejarlas, se encarga de las tareas del hogar y la lista podría seguir. Sin darse cuenta, se convirtió en una referente de las mujeres de Añatuya, una persona a la que todos quieren y en la que todos confían. Un corazón enorme apasionado por ayudar.