El valor de aprender un oficio

El valor de aprender un oficio

En muchas de las comunidades donde trabajamos, las oportunidades laborales para las mujeres son muy limitadas. La distancia, la falta de acceso a formación y las responsabilidades de cuidado hacen que insertarse en el mundo del trabajo sea un desafío cotidiano.

Sin embargo, sabemos que cuando una mujer accede a herramientas concretas para desarrollarse, no solo cambia su realidad: también se fortalece su familia y su comunidad.

Hace algunos años, Sonia se acercó a nuestro Centro en Añatuya  buscando un espacio donde aprender, compartir y proyectar algo distinto para su futuro.  Es mamá de dos hijos, y como muchas mujeres de su comunidad, gran parte de su tiempo estaba dedicado al cuidado de sus niños y las tareas del hogar. Hasta ese momento, sus posibilidades laborales eran escasas. Vivía en un contexto donde el trabajo para mujeres casi no existía. A través del Programa de Oficios, comenzó a formarse en el Taller de Costura pero más allá del aprendizaje técnico, lo que se fue construyendo fue mucho más profundo.

En cada encuentro, no solo incorporó herramientas prácticas, sino también confianza en sus propias capacidades. Aprendió a organizar su trabajo, a sostener un proceso, a proyectar objetivos y a pensar en una fuente de ingresos. Tuvo la oportunidad de aprender a coser y finalmente hacerse cargo de un rol como profesora. También creó su propio emprendimiento y tiene un nuevo sueño: armar su propio taller y dar trabajo a otras mujeres que están en situación de vulnerabilidad como ella. Nuestro acompañamiento no se limita a enseñar un oficio, sino que buscamos generar espacios donde las mujeres puedan fortalecerse, vincularse con otras y construir autonomía de manera progresiva.

Con el tiempo, Sonia  empezó a aplicar lo aprendido. Primero con pequeños trabajos, luego animándose a asumir nuevos desafíos. Hoy, su trabajo le permite generar ingresos y acompañar a su familia de otra manera. Pero sobre todo, le permite verse a sí misma desde otro lugar: como una mujer con herramientas, con capacidad de hacer y de decidir.

Historias como las de Sonia  reflejan algo que vemos todos los días. Cuando una mujer accede a oportunidades reales de formación y acompañamiento, se abren nuevos caminos.

Por eso, desde Haciendo Camino seguimos apostando al Programa Oficios como una herramienta clave para fortalecer la autonomía económica de las mujeres en contextos de vulnerabilidad. Porque aprender un oficio no es solo adquirir una habilidad, es construir posibilidades.

Más allá de los números


Más allá de los números

La pobreza tiene un número, pero no sólo es eso. Es un rostro, una historia, un territorio y tiene consecuencias que no siempre entran en una estadística.

El martes 31 de marzo el INDEC informó que la pobreza alcanzó al 28,2% de la población en la Argentina durante el segundo semestre de 2025.  Pero lo que nos alarma es el dato sobre la pobreza en la infancia.  “En cuanto a los grupos de edad según condición de pobreza, se destaca que 41,3% de las personas de 0 a 14 años forman parte de hogares bajo la línea de pobreza.” (Fuente INDEC, 31 de marzo 2026)

Este dato vuelve a poner el tema en agenda, pero también nos invita a mirar más allá de la cifra.

El dato y el número es importante. Permite ver si la situación mejoró, empeoró o se mantuvo. Permite comparar y dimensionar. Pero no alcanza. Porque la pobreza no es solamente un porcentaje. También es una infancia sin controles médicos, una casa de adobe con techo de paja, una familia que vive hacinada, un paraje aislado donde llegar al médico sigue siendo un desafío cotidiano, la falta de acceso a red eléctrica y agua potable, sufrir de inseguridad alimentaria y no contar con una alimentación adecuada.

Cada vez que se publican estas cifras, la discusión pública se concentra en el número. El INDEC mide la pobreza a partir de los ingresos de los hogares y de si alcanzan o no para cubrir una canasta básica. Esa medición es clave, pero no cuenta toda la historia.

En Argentina existe otra pobreza, más silenciosa y muchas veces menos visible, que no cambia de un semestre a otro y que no desaparece aunque el indicador mejore. Es la pobreza estructural: la que se ve en las condiciones de la vivienda, en la falta de acceso a la salud, en la distancia con los servicios básicos, en la mala alimentación, en la fragilidad de la educación y en la falta de oportunidades que se hereda de generación en generación. El INDEC también releva una parte de esa realidad a través de las Necesidades Básicas Insatisfechas, que observan carencias persistentes vinculadas a vivienda, hacinamiento, escolaridad y capacidad de subsistencia. Según los datos del Censo 2022, el 6,7% de los hogares del país tenía al menos una necesidad básica insatisfecha.

Pero incluso esos datos no siempre muestran la realidad de lo que ocurre en los territorios más alejados. En muchas zonas rurales del Norte argentino, la pobreza no se parece a lo que vemos en las grandes ciudades. Es más extrema, más persistente y más invisible. Son familias que viven a kilómetros de un centro de salud, que dependen de caminos difíciles de transitar, que no siempre tienen una heladera para conservar alimentos, que no tienen agua potable, que sostienen la crianza en condiciones muy adversas y que muchas veces quedan fuera de la conversación pública.

Baño en hogares de familias de Monte Quemado, Santiago del Estero

En esos contextos, la primera infancia se vuelve un tema central. Los primeros años de vida no son una etapa más: son el momento en el que se sientan las bases del desarrollo físico, emocional y cognitivo de una persona. Cuando un chico crece mal alimentado, sin controles de salud, sin estimulación adecuada o sin educación, no solo sufre en el presente, sino que se ve condicionado su futuro. 

Por eso, hablar de pobreza infantil no debería ser solamente hablar de cuántos chicos viven en hogares por debajo de una línea estadística. También debería preguntarse cómo viven, qué comen, dónde crecen, qué acceso real tienen a la salud, a la educación, al cuidado y a oportunidades concretas para desarrollarse.

Por eso, desde Haciendo Camino trabajamos en territorios donde esta pobreza se ve reflejada. Según una medición que realizamos recientemente  sobre las familias que acompañamos en las provincias de Santiago del Estero, Chaco y Salta, el 33% de las madres no terminó la secundaria, el 48% tuvo su primer hijo en la adolescencia, el 16% de las viviendas están construidas con materiales precarios, el 60% de las familias vive en condiciones de hacinamiento, el 78% de los integrantes no tiene controles médicos al día, el 70% de las mujeres no cuenta con controles ginecológicos actualizados, el 30% de las familias no tiene heladera o un sistema adecuado para conservar alimentos y el 53% atraviesa inseguridad alimentaria.

Más que números aislados, estos datos muestran cómo se reproduce la pobreza de una generación a otra. Cuando un niño crece con desnutrición, sin estimulación adecuada y en un contexto de carencias, su aprendizaje se ve afectado desde los primeros años. Eso muchas veces deriva en fracaso escolar, luego en deserción y, más adelante, en trabajos precarios y mal pagos. Así, se forman nuevos hogares con necesidades básicas insatisfechas y la pobreza vuelve a empezar.

Lorena conoce en primera persona lo que es vivir en un contexto de pobreza extrema. Vive en el Barrio Luján, en Taco Pozo, Chaco, y cada semana camina 1 hs para llegar al Centro de Haciendo Camino, donde lleva a su hijo Antonio de 1 año y 7 meses, al Programa Desarrollo Infantil en Familia. Antonio llegó con bajo peso y retrasos en su estimulación, y desde hace más de un año recibe seguimiento nutricional, controles y acompañamiento. En ese espacio, Lorena también encuentra apoyo concreto: recibe atención nutricional, herramientas para fortalecer la alimentación de su hijo, información sobre atención temprana para el desarrollo de su bebé, talleres de educación para la salud, talleres de manualidades,  leche, pañales y alimentos.

Lorena y Antonio, Taco Pozo, Chaco

Pero la realidad que enfrenta va mucho más allá de ese recorrido. Cuando Antonio necesita atención médica especializada, Lorena  tiene que viajar hasta Resistencia, a unos 500 kilómetros de Taco Pozo, porque en su localidad no hay pediatra y tampoco encuentra la atención que necesita en Sáenz Peña, a 350 kilómetros. Vive con su marido, sus hijos y una nieta. Su esposo hace changas para sostener a la familia, pero cuando llueve los caminos de tierra dificultan todo y muchas veces ni siquiera puede salir a trabajar. A veces, cuenta Lorena, la comida no alcanza. Cuando llega fin de mes, tiene que pedir ayuda o prestado para poder alimentar a sus hijos, e incluso hay días en los que solo le alcanza para darles mate cocido con pan.

“Hay una pobreza que solo se entiende cuando caminás el territorio, cuando entrás a las casas, cuando conocés a las madres y ves todo lo que hacen para sostener a sus hijos en contextos vulnerables” afirma Catalina Hornos, Directora y Fundadora de Haciendo Camino. 

Catalina Hornos, Directora y Fundadora de Haciendo Camino

Esa es la pobreza que no siempre se refleja en los indicadores, la que no se termina de explicar con una canasta básica, la que persiste aunque cambien los números, pero sobre todo la que condiciona el presente y todavía más el futuro. Y si la pobreza en la infancia no se aborda a tiempo, sus consecuencias llegan mucho más lejos que una medición semestral.

Frente a esta realidad, el desafío no es solamente mirar el dato, sino comprometerse con lo que no se muestra. Desde hace casi 20 años, trabajamos para acompañar a niños y familias en contextos de extrema vulnerabilidad en Santiago del Estero, Chaco y Salta, con Programas vinculados a nutrición, salud, educación y fortalecimiento familiar. Conocer más sobre esta problemática, acercarse a las historias que hay detrás de los números y colaborar para sostener este trabajo también es una forma concreta de  transformar una realidad que no puede esperar.

Podés conocer más en https://haciendocamino.org.ar/

Raquel: la fuerza de una mujer que convirtió el dolor en cuidado


Raquel: la fuerza de una mujer que convirtió el dolor en cuidado

En el Lote 58, un paraje rural a 30 kilómetros de Añatuya, la vida transcurre entre el monte y caminos de tierra que se vuelven casi intransitables cuando llueve. Las casas son de adobe y chapa, no hay acceso a agua potable ni servicios básicos, y llegar a la ciudad puede demandar hasta dos horas en moto. Allí vive Raquel, junto a su esposo Marcelino, sus hijos y su nieta Aruna.

Hace dos años, la vida de Raquel cambió para siempre. Su hija Rocío había participado del Programa Embarazadas de Haciendo Camino durante los últimos meses de gestación. Necesitaba controles médicos y acompañamiento porque su embarazo era de riesgo. Poco después del parto, Rocío fue diagnosticada con cáncer de útero en estado avanzado. Fue internada, derivada a la capital de Santiago del Estero y, en cuestión de semanas, la enfermedad avanzó sin posibilidad de tratamiento. Aruna tenía apenas cinco meses cuando perdió a su mamá.

En ese momento, Raquel no dudó. Asumió el cuidado de su nieta cuando el padre de la niña decidió no hacerse cargo. “Yo la cuido desde que murió mi hija. Me ayudan mis hijos, todos estamos pendientes de ella”, cuenta. Le cuesta hablar de la pérdida, pero cada domingo, en las reuniones familiares, el recuerdo de Rocío sigue presente.

Los primeros meses no fueron fáciles y Raquel tomó la responsabilidad de ocuparse de Aruna.  Cada semana recorría largos kilómetros en moto junto a su nieta, soportando el frío, el calor y la tierra del camino. Nunca faltó a ninguna atención. “Lo hago por ella, porque quiero que tenga lo que necesita y que crezca bien”, dice con convicción.

Antes de que comenzáramos a realizar atenciones itinerantes en el  Lote 58, Raquel abrió las puertas de su casa para que las actividades pudieran continuar allí, ya que desde Haciendo Camino no contábamos con un espacio físico en el paraje. Su hogar se convirtió en lugar de encuentro, cuidado y seguimiento. Ese gesto no solo sostuvo a Aruna, sino también a otras familias de la comunidad.

Este paraje rural es una comunidad aislada que ni siquiera figura en los mapas. Allí, las familias viven sin acceso a servicios básicos como agua potable, salud o transporte regular. Los caminos de tierra se vuelven intransitables cuando llueve y cualquier trámite, compra o control médico implica varias horas de viaje hasta la ciudad. Las casas son precarias, los ingresos inestables y el acceso al agua depende de aljibes y pozos comunitarios, lo que hace que cubrir necesidades esenciales sea un desafío cotidiano.

Hoy, junto a su esposo y sus hijos, Raquel es el pilar que garantiza que su nieta reciba atención nutricional, controles de desarrollo y un entorno estable donde crecer. En un contexto de extrema vulnerabilidad, donde la pérdida, la distancia y la falta de recursos podrían haber marcado un límite, ella eligió transformar el dolor en fuerza.

Desde Haciendo Camino seguimos acompañando a Aruna y a su familia, sabiendo que detrás de cada niño/a hay una mujer que sostiene. Y que cuando una mujer es acompañada, toda una familia se puede fortalecer.

Recetas de Añatuya: Un libro para nutrir el presente y transformar el futuro


Recetas de Añatuya: un libro para nutrir el presente y transformar el futuro

Lanzamos la campaña “Recetas de Añatuya” con un objetivo claro: generar conciencia sobre la importancia de la nutrición durante los primeros 1000 días de vida y visibilizar una realidad que afecta a miles de niños y niñas en contextos de pobreza extrema.

Presentamos la campaña a través de un libro que, lejos de ser un recetario tradicional, propone una mirada cruda y honesta sobre la alimentación de muchas de las familias que acompañamos en las provincias de Santiago del Estero, Chaco y Salta. 

¿Sus páginas están vacías?
Sí, cada página vacía busca interpelar y movilizar, poniendo en evidencia los desafíos que enfrentan quienes no tienen garantizado el acceso a una alimentación adecuada.

Un libro que no habla de cocina, sino de realidades

Recetas de Añatuya es un libro ficticio que expone páginas vacías por la falta de alimentos y nutrientes de las familias, y platos cocinados con muy pocos ingredientes, muchas veces preparados al fuego directo, sin variedad ni valor nutricional suficiente. Guisos, mate cocido y arroz forman parte de la dieta cotidiana de muchos niños y niñas en una etapa clave de su desarrollo.

Lejos de romantizar esta situación, el libro busca mostrarla tal como es. Porque durante los primeros años de vida, el cuerpo y el cerebro se desarrollan a gran velocidad y requieren nutrientes esenciales para un crecimiento físico, mental y emocional adecuado. Cuando esa nutrición no está presente, las consecuencias pueden acompañar a una persona durante toda su vida, afectando su salud, su aprendizaje y sus oportunidades futuras.

Nuestro objetivo es claro: concientizar sobre la urgencia de garantizar hábitos alimentarios saludables en los contextos más vulnerables, y convocar a la sociedad a no mirar para otro lado.

Creemos que el acceso a una alimentación adecuada en los primeros 1000 días no es solo una cuestión de salud, sino una condición indispensable para romper el círculo de la pobreza. Por eso, esta campaña busca movilizar, compartir información y generar compromiso colectivo

Con esta campaña invitamos a la sociedad a informarse, compartir el mensaje y sumarse. Soñamos con un país en el que todos los niños y niñas tengan las mismas oportunidades de desarrollo, independientemente del contexto en el que nacen, y en el que las familias puedan salir adelante a través de su propio esfuerzo, acompañadas y fortalecidas.

Algunos de los famosos que se sumaron a la campaña y nos ayudaron a difundirla son: Claudio Rigoli, Karina Mazzocco, Alejadra Rogel, Guillermo Andino, Jerónimo Freixas, Ximena Saenz, Karina Gao y Sergio Verón.

Tu compromiso hace la diferencia. Podés sumarte y conocer más información en https://haciendocamino.org.ar/recetas/

Romper el círculo de la pobreza


Romper el círculo de la pobreza

Desde hace 19 años trabajamos para romper el círculo de la pobreza y la desnutrición infantil, brindando herramientas que mejoren la calidad de vida de niños/as y familias en contextos de vulnerabilidad social y aislamiento.

La realidad de las familias que acompañamos es muy dura: el 44,2 % sufre inseguridad alimentaria total, una situación crítica que impacta directamente en la nutrición y el desarrollo de los más chicos/as. La desnutrición en los primeros años de vida, sumada a la falta de estimulación, afecta su crecimiento y aprendizaje. Esto muchas veces conduce al fracaso escolar y la deserción. Sin educación, los jóvenes enfrentan un futuro con pocas oportunidades laborales, empleos precarios y mal pagos, que dan origen a nuevos hogares con necesidades básicas insatisfechas. Así, el círculo vuelve a empezar.

Por eso, en Haciendo Camino sabemos que llegar a tiempo es clave: intervenir en los primeros años de vida marca una diferencia profunda y duradera. Día a día acompañamos a las familias para que puedan construir un futuro distinto, con más oportunidades para sus hijos/as.

Nuestra historia y nuestro presente

En 2006, tras un viaje de voluntariado a Añatuya, Santiago del Estero, Catalina Hornos fundó Haciendo Camino con el objetivo de acompañar a niños/as y familias en situación de vulnerabilidad. Desde entonces, la organización creció de manera sostenida y hoy contamos con 14 Centros de Desarrollo Infantil y Fortalecimiento Familiar en Santiago del Estero, Chaco y Salta, donde ya hemos acompañado a más de 21.800 familias en el Norte argentino.

Catalina Hornos en el Norte argentino, en sus primeros años de la organización.

A través de nuestros programas:

  • Promovemos el desarrollo infantil.
  • Acompañamos a embarazadas.
  • Capacitamos a mujeres en oficios.
  • Garantizamos el acceso a la salud.
  • Brindamos contención a familias en situaciones críticas.

Además, llegamos a donde nadie llega, en más de 26 localidades aisladas y parajes rurales.

Todos los días nos esforzamos por un país en el que los niños/as tengan las mismas oportunidades de crecer y desarrollarse, sin importar el lugar en el que nacen. Nuestra labor es posible gracias al compromiso de una gran red de voluntarios, donantes, padrinos y madrinas que nos permiten sostener cada iniciativa.

Tu compromiso hace la diferencia: sumate como padrino o madrina mensual y ayudanos a romper el círculo de la pobreza
Más información en https://haciendocamino.org.ar/donaciones/

Comprometidos con el acceso a la salud


Comprometidos con el acceso a la salud

Creemos firmemente que el acompañamiento constante y el acceso a controles médicos básicos es fundamental para mejorar la calidad de vida de las familias del Norte argentino. Por eso, todos los meses realizamos viajes en donde médicos voluntarios, en articulación con Cuerpo & Alma y Aéreo ONG, se trasladan a nuestros Centros para brindar atención médica gratuita a las comunidades que viven en contextos de vulnerabilidad social y aislamiento.

Estos viajes tienen una duración de tres días y nuestros equipos y voluntarios se movilizan a los lugares más aislados de las provincias de Santiago del Estero, Chaco y Salta, para que las familias reciban la atención médica necesaria, que de otra forma no podrían recibir por la falta de acceso al sistema de salud. 

Las especialidades médicas que forman parte de los equipos incluyen: medicina clínica, pediatría, ginecología, otorrinolaringología, traumatología, medicina familiar, oftalmología, fonoaudiología, diagnóstico por imágenes, cardiología, psicología y odontología.

Si bien no se realizan urgencias ni cirugías, los profesionales intervienen en aspectos clave que son muy importantes para el bienestar de las personas. Para eso, trabajan en la prevención de enfermedades, controles ginecológicos, atención pediátrica, estudios de imagen, facilitación de medicamentos y promoción de hábitos saludables. 

El trabajo de los médicos es indispensable en estas comunidades, pero también lo es el acompañamiento cercano que brindamos desde el área social en donde garantizamos que cada paciente comprenda y pueda llevar a cabo las indicaciones médicas correctamente. Además, realizamos un seguimiento personalizado que nos permite identificar las necesidades específicas de cada uno/a  y asegurar una continuidad en la atención.

Cada persona atendida cuenta con su propia historia clínica, un recurso fundamental que le permite a los voluntarios retomar cada caso en los siguientes viajes, asegurando un correcto seguimiento médico a lo largo del tiempo. 

La problemática del acceso a la salud en las comunidades en las que trabajamos es una realidad que nos conmueve, por eso reafirmamos el compromiso con ellas y gracias a la articulación con organizaciones aliadas y al trabajo incansable de profesionales voluntarios, seguimos trabajando para que cada niño/a y familia pueda tener acceso al derecho a la salud que merece.

Si sos profesional de la salud y te interesa sumarte a estos viajes, no dudes en ponerte en contacto con mminetto@haciendocamino.org.ar. Tu participación puede marcar la diferencia en la vida de cientos de familias.

La voz de nuestras familias


La voz de nuestras familias

Entendemos la importancia del acompañamiento y seguimiento de cada familia. Por eso, año a año realizamos encuestas a las mujeres para conocer su opinión sobre algunos de nuestros programas.*

Estos datos reflejan las necesidades y particularidades de las zonas donde se encuentran nuestros Centros, además de ayudarnos a conocer los resultados de nuestro trabajo

Lo que hacemos hoy llega a la gente. Vemos los resultados y es muy transparente, sostiene Catalina Hornos, Directora General de Haciendo Camino.

  • 98% de las mamás indicó que el Programa Desarrollo Infantil en Familia (DIF) ayudó a que sus hijos tengan buena salud y una nutrición adecuada.
  • 85% resaltó la función de DIF como red de apoyo y lugar de encuentro con otras madres que comparten situaciones similares. 
  • 94% considera que el espacio de DIF ha ayudado a mejorar conocimientos, habilidades y estrategias. 
  • 97% coincidió en que el Espacio de Educación Temprana en Casa (ETEC) ayudó a que pasen más tiempo interactuando con sus hijos.
  • 98% de las madres que participa del Programa de Oficios confesó que es “un espacio donde sentirse segura de sus capacidades” y un lugar para generar vínculos con otras mujeres. 
  • 92% sostuvo que los talleres de oficios las motivan a ser más independientes.

    *Encuestas de Satisfacción

Inauguración de nuevos Centros


Inauguración de nuevos Centros

Con orgullo y emoción, anunciamos la inauguración de 2 nuevos Centros de Desarrollo Infantil y Fortalecimiento Familiar en las localidades de Icaño y Tacañitas, en la provincia de Santiago del Estero. Con estas aperturas, sumamos un total de 14 Centros en funcionamiento, reafirmando nuestro compromiso con la infancia y las familias del Norte argentino.

Inauguración en Tacañitas                                                                                                                   Inauguración en Icaño

Cada inauguración representa un paso fundamental para seguir brindando acompañamiento y apoyo a cada vez más familias y niños/as en situación de vulnerabilidad social. Ambas ceremonias fueron muy emocionantes y contaron con la presencia de miembros de la comunidad, voluntarios, los equipos que llevarán adelante estos nuevos desafíos y sobre todo familias beneficiarias. 

Contamos con tres programas en los que acompañamos a familias y chicos/as.

  • Desarrollo Infantil en Familia: Promovemos el desarrollo integral de niños/as de entre 0 a 5 años con desnutrición o en riesgo social, para que puedan alcanzar su máximo potencial y acceder a un futuro con mejores oportunidades. 
  • Embarazadas: Brindamos acompañamiento a embarazadas en situación de riesgo social,  las futuras mamás son controladas por profesionales y participan de charlas de preparación para la maternidad. Además, organizamos talleres prácticos en los que las madres confeccionan ropa o juguetes para sus bebés. 
  • Oficios: Dictamos diferentes talleres en los que se capacitan a mujeres para brindarles herramientas teórico-prácticas en diferentes oficios, y a su vez generar espacios de encuentro entre pares para acompañarse y motivarse mutuamente.

Además, todos estos Programas están atravesados por acompañamiento familiar y en salud, en donde brindamos atención médica de primera calidad, asegurando la derivación y atención temprana a las afecciones detectadas. A través de los mismos, logramos identificar los factores de riesgo de las familias para dar respuesta a las problemáticas de base.

En un contexto desafiante, donde las dificultades económicas afectan con mayor fuerza a la región del Norte de nuestro país, seguimos apostando al trabajo en terreno y al compromiso con cada una de estas comunidades. La apertura de estos nuevos Centros refleja que, a pesar de las barreras y trabas, es posible generar oportunidades y acompañar a más familias para que logren un futuro mejor.

Estos nuevos Centros permitirán expandir la llegada de nuestros Programas, fortaleciendo el impacto en la lucha contra la pobreza y la desnutrición infantil.

Agradecemos a cada persona que hace posible estos logros y reafirma su misión de continuar trabajando para cambiar realidades y acompañar a más familias, para romper con el círculo de la pobreza.

 

Cambiando su infancia, transformamos su futuro


Cambiando su infancia, transformamos su futuro

A través de nuestro espacio de Educación Temprana en Casa (ETEC), llegamos a zonas aisladas del Norte argentino donde las familias no cuentan con espacios de primera infancia o guarderías que les garantice a los más pequeños/as un desarrollo adecuado durante los primeros 3 años de vida.

Entrega de leche. Centro Suncho Corral. Haciendo Camino.

Visitas de referentes de ETEC

Somos conscientes de la importancia de los primeros años de vida y por eso impulsamos, dentro del Programa Desarrollo Infantil en Familia, el área de ETEC para fortalecer el crecimiento integral de los niños/as de esas familias que viven en situaciones de riesgo social. Las condiciones de estos chicos/as se ven reflejadas en un contexto de riesgo con madres analfabetas o con discapacidad, falta de documentación, hacinamiento familiar, violencia, entre otros.

Las familias reciben el acompañamiento de nuestras estimuladoras tempranas, quienes supervisan el desarrollo de los niños/as y brindan capacitaciones a las madres sobre la crianza positiva. A través del juego, promovemos momentos de aprendizaje que fortalecen el vínculo entre madres e hijos/as. Cada familia recibe visitas domiciliarias de referentes comunitarias, que también son madres que han pasado por nuestros Programas y han demostrado grandes capacidades como líderes y formadoras, y son quienes les entregan cuadernillos con actividades diseñadas para estimular la motricidad fina, gruesa, el lenguaje y las habilidades personales – sociales de los niños/as. Todas nuestras referentes son guiadas y coordinadas por una profesional formada en atención temprana, para poder garantizar a las familias el mejor trabajo.

El correcto desarrollo durante los primeros años de vida es fundamental para que los chicos/as puedan pensar, resolver problemas, comunicarse, expresar sus emociones y formar relaciones.  Por eso, brindamos herramientas adaptadas a cada etapa de crecimiento mediante 60 fichas con actividades en diversas áreas del desarrollo  junto con materiales didácticos que incluyen: rompecabezas, libros, tizas, pelotas, títeres, muñecos y sonajeros. A través de estos recursos, las familias pueden estimular a sus hijos/as de manera adecuada. 

El testimonio de Celeste, su pareja Franco y su hija Cristal refleja el impacto de ETEC en sus vidas. Celeste tiene 25 años e ingresó junto a su bebé cuando tenía 8 meses al Programa Desarrollo Infantil en Familia en el Centro de Añatuya, Santiago del Estero. En el momento de ingresar, Celeste vivía con sus padres, su pareja, sus hermanas y su hija. 

A través del acompañamiento constante y gracias a algunos trabajos de su pareja y a los trabajos que ella realizaba, pudieron construir su propia casa, donde actualmente viven con Cristal. Formaron parte del espacio de Educación Temprana en Casa, donde recibieron cada 15 días a una referente para aprender a estimular y desarrollar el crecimiento de la niña. 

Gracias a la dedicación y al compromiso que sostuvo a lo largo del tiempo, Haciendo Camino le ofreció a Celeste formar parte del equipo como referente. De esta manera, podrá tener un trabajo fijo y acompañar a otras mamás compartiendo todo el conocimiento que ella recibió de este espacio. ¡Cele es un ejemplo de superación para otras mujeres!

“Estoy muy contenta con lo que hago y agradecida con Haciendo Camino por la oportunidad que me dieron de ser referente de un espacio del que yo fui parte y aprendí mucho. Todo lo que fuimos consiguiendo para construir de a poco nuestra casa, fue siempre gracias al trabajo pero con mucho esfuerzo. No es fácil pero siempre intentamos tener lo mejor para nuestra hija”, cuenta Celeste.

Finalmente Cristal completó todas las fichas y finalizó su paso por ETEC, siendo una niña con un desarrollo acorde a su edad, muy atenta e inteligente. 

Celeste, Franco y su hija Cristal en su nueva casa.

La creación de ETEC surge a raíz de la evidencia que existe de que la instrucción en el hogar fortalece el desarrollo infantil y mejora los procesos de aprendizaje escolar a largo plazo. Además, nos encontramos con una dura realidad en donde niños/as, aunque no viven en condiciones de vulnerabilidad y riesgo social,  necesitan un acompañamiento urgente. 

Por eso, reafirmamos nuestro compromiso con la primera infancia, brindando a las familias las herramientas y el apoyo necesario para que cada niño/a tenga la oportunidad de crecer en un entorno que estimule su desarrollo, sembrando las bases de un futuro con más oportunidades. 

Empoderando mujeres

Empoderando mujeres

Colaboradores de la empresa VISA llevaron adelante diferentes talleres sobre educación financiera dirigidos a más de 80 mujeres que asisten al Programa Oficios en nuestros Centros de Añatuya, 8 de Abril, Barrio Autonomía, Los Juríes, La Banda y Suncho Corral con el objetivo de brindarles herramientas prácticas para manejar mejor sus finanzas y fortalecer su independencia económica. 

Desde Haciendo Camino acompañamos este proceso apoyando la implementación y realizando un informe para analizar el impacto de los encuentros.

Antes de los talleres, muchas de las mujeres indicaron tener poco contacto con productos financieros formales como cuentas bancarias, tarjetas de crédito y transferencias. Sin embargo, las formaciones tuvieron un impacto positivo al demostrar que el 74% de las participantes comenzaron a utilizar sucursales bancarias para resolver trámites financieros. Además, la utilización de cajeros automáticos aumentó del 41% al 93%, demostrando un salto en la confianza y el manejo de herramientas bancarias.

También se observó un aumento en la implementación de opciones financieras. Antes, el 40% contaba con una caja de ahorro como único producto financiero, y al finalizar los talleres, un 14% incorporó tarjetas de crédito, un 11% comenzó a utilizar transferencias y un 11% abrió cuentas bancarias adicionales. Además se logró reducir el porcentaje de mujeres que no poseían ningún producto financiero, pasando del 11% al 6%.

Nos enorgullece contar que luego del dictado de los talleres el 81% de las mujeres comenzaron a buscar alternativas para generar ingresos adicionales luego de las capacitaciones, vinculadas con actividades que aprendieron en los talleres de Oficios de Haciendo Camino como trabajos de costura, cocina, tejido, manualidades y venta de otros productos y servicios.

En relación a sus hábitos de ahorro, el 59% de las participantes comenzaron a planificar sus compras de alimentos con anticipación y el 18% optó por compartir recursos con vecinos o amigos. Además, hubo un aumento en el porcentaje de quienes antes no ahorraban, lo que demuestra una mayor conciencia sobre la importancia de administrar mejor el dinero.

El impacto de las capacitaciones revela el entusiasmo y la confianza de nuestras mujeres por seguir aprendiendo y aplicando nuevos conocimientos, para poder fortalecer la capacidad de agenciamiento económico de sus hogares. El 39% afirmó haber compartido las nuevas herramientas adquiridas con su familia o comunidad, lo que revela el efecto multiplicador de las capacitaciones de VISA.

Los resultados nos inspiran a continuar apoyando estas iniciativas y a explorar nuevas oportunidades que nos permitan comprender mejor la realidad de las familias a las que acompañamos. De esta manera, podemos ofrecerles herramientas más efectivas que les ayuden a alcanzar su propio desarrollo económico.